Y otra vez lo mismo. Año tras año las universidades se van a paro. Un grupo que enarbolando una bandera en blanco y negro y con métodos usados hace eones, como haciendo fuego con piedras pretende enfrentar la glaciación en la que ha estado nuestra educación en las últimas décadas. Que la educación en Chile está en crisis es un dato incontestable. Para ello no solo basta ver los datos de las mediciones sino también la cruda experiencia de quienes pasan por las aulas. La interrogante que surge inmediatamente es si el momento actual es una crisis, o tal vez ha sido, por decirlo de alguna forma, una crisis de toda la vida.
Ahora bien, si en principio pareciera claro que el problema está en el sistema educativo, existe otra barrera que agrava la dificultad inicial. La incapacidad de una sociedad para dialogar, incapaz de escuchar e incapaz de construir desarrollo de largo plazo.
Algunos reclaman contra el lucro, otros lo defienden. Unos creen que la milagrosa mano invisible va a solucionar todo y nos va a llevar a la tierra prometida del país desarrollado algún día haciendo creer que este se aproxima, lo cual parece de una majestuosa inocencia o simplemente mala fe. Me inclino por la segunda altenativa, más cuando los que lo prometen han vivido en ese mundo antes y saben de los años luz que faltan para ser una sociedad del bienestar. Ellos basan su discurso en la eficiencia de los recursos es suficiente, como si con un kilo de arroz se pudiera alimentar a toda China. Todo con el fin de que el único ente que tiene alguna posibilidad de modificar un ápice del statu quo del que han usufructuado por generaciones no haga tal aberración de modificar algo.
Los otros hablan educación de calidad sin especificar que entienden por ello. Probablemente el gremio de los profesores entiende por calidad en la educación un aumento sustantivo de sus salarios y privilegios, como si fueran brillantes académicos de Harvard o de la Sorbona, otros tal vez, más entusiastas e ingenuamente ignorantes repiten como si de una verde ave se tratara frases extraídas de algún panfleto o que escucharon de alguno de los brillantes estudiantes, por cierto los más destacados, que también ingenuamente pretenden desde la relevancia de sus actuales puestos dirigenciales corregir la inercia histórica del capitalismo. En este aspecto vale impugnar la semántica misma de la palabra dirigente, porque la lógica indica que un dirigente dirige a alguien o a alguna institución con algún sustrato humano. Vale preguntarse a quien dirigen los actuales dirigentes estudiantiles, o incluso si existe un sustrato humano real detrás de las actuales estructuras representativas, es decir si representan a alguien.
Ahora, no es difícil entender que el escenario planteado de a luz del debate político sea tan pobre, más cuando los principales actores son producto del sistema educativo que ese debate o la forzada ausencia del cualquier posibilidad de debate a generado. Y es que la pobreza y mediocridad de todo lo que rodea a la sociedad actual es comprensible y aceptable, cuando sincerándonos con nuestra historia, recordamos que hemos sido una sociedad marcada por la violencia, la pobreza y la ignorancia, que no somos los ingleses de Sudamérica ni los jaguares, que nuestra historia contemporánea está marcada por casi 30 años de ausencia de debate y de dialogo en nuestra sociedad, 20 años en que los mismo privilegiados implantaron por la fuerza la ortodoxia, tiempo que significó el reemplazo de un aprendizaje histórico en democracia, por una nefasta época de oscuridad y violencia cuyos alcances llegan hasta prácticamente 3 generaciones , y que solo vino a prolongar por algunas décadas la superación de nuestra principal falencia, la ausencia de las confianzas que son indispensables construir bienestar y equidad. Pienso que mientras no exista una mirada crítica sobre lo que hemos sido y sobre los que somos como sociedad en todas sus dimensiones, vamos a perpetuar nuestros problemas, defendiendo posiciones desde una óptica acrítica, llena de mitos sobre nosotros, sobre el mercado y sobre el estado, con el fin de disfrazar la mediocridad con una artificial grandeza, de un desarrollo que no llega, de un estado que no ha existido y de un mercado ineficiente.
Atentamente, Rockdrigo.
Ahora bien, si en principio pareciera claro que el problema está en el sistema educativo, existe otra barrera que agrava la dificultad inicial. La incapacidad de una sociedad para dialogar, incapaz de escuchar e incapaz de construir desarrollo de largo plazo.
Algunos reclaman contra el lucro, otros lo defienden. Unos creen que la milagrosa mano invisible va a solucionar todo y nos va a llevar a la tierra prometida del país desarrollado algún día haciendo creer que este se aproxima, lo cual parece de una majestuosa inocencia o simplemente mala fe. Me inclino por la segunda altenativa, más cuando los que lo prometen han vivido en ese mundo antes y saben de los años luz que faltan para ser una sociedad del bienestar. Ellos basan su discurso en la eficiencia de los recursos es suficiente, como si con un kilo de arroz se pudiera alimentar a toda China. Todo con el fin de que el único ente que tiene alguna posibilidad de modificar un ápice del statu quo del que han usufructuado por generaciones no haga tal aberración de modificar algo.
Los otros hablan educación de calidad sin especificar que entienden por ello. Probablemente el gremio de los profesores entiende por calidad en la educación un aumento sustantivo de sus salarios y privilegios, como si fueran brillantes académicos de Harvard o de la Sorbona, otros tal vez, más entusiastas e ingenuamente ignorantes repiten como si de una verde ave se tratara frases extraídas de algún panfleto o que escucharon de alguno de los brillantes estudiantes, por cierto los más destacados, que también ingenuamente pretenden desde la relevancia de sus actuales puestos dirigenciales corregir la inercia histórica del capitalismo. En este aspecto vale impugnar la semántica misma de la palabra dirigente, porque la lógica indica que un dirigente dirige a alguien o a alguna institución con algún sustrato humano. Vale preguntarse a quien dirigen los actuales dirigentes estudiantiles, o incluso si existe un sustrato humano real detrás de las actuales estructuras representativas, es decir si representan a alguien.
Ahora, no es difícil entender que el escenario planteado de a luz del debate político sea tan pobre, más cuando los principales actores son producto del sistema educativo que ese debate o la forzada ausencia del cualquier posibilidad de debate a generado. Y es que la pobreza y mediocridad de todo lo que rodea a la sociedad actual es comprensible y aceptable, cuando sincerándonos con nuestra historia, recordamos que hemos sido una sociedad marcada por la violencia, la pobreza y la ignorancia, que no somos los ingleses de Sudamérica ni los jaguares, que nuestra historia contemporánea está marcada por casi 30 años de ausencia de debate y de dialogo en nuestra sociedad, 20 años en que los mismo privilegiados implantaron por la fuerza la ortodoxia, tiempo que significó el reemplazo de un aprendizaje histórico en democracia, por una nefasta época de oscuridad y violencia cuyos alcances llegan hasta prácticamente 3 generaciones , y que solo vino a prolongar por algunas décadas la superación de nuestra principal falencia, la ausencia de las confianzas que son indispensables construir bienestar y equidad. Pienso que mientras no exista una mirada crítica sobre lo que hemos sido y sobre los que somos como sociedad en todas sus dimensiones, vamos a perpetuar nuestros problemas, defendiendo posiciones desde una óptica acrítica, llena de mitos sobre nosotros, sobre el mercado y sobre el estado, con el fin de disfrazar la mediocridad con una artificial grandeza, de un desarrollo que no llega, de un estado que no ha existido y de un mercado ineficiente.
Atentamente, Rockdrigo.




